Lo que vivimos en la peregrinación de la Delegación Lasallista de México Norte para participar en la Jornada Mundial de la Juventud 2016, en Cracovia, fue algo inolvidable. Fue una oportunidad única que se queda en los corazones de todos… las experiencias que pasamos nos marcaron mucho al haber convivido con gente de otros países de diferentes edades y costumbres. Fue un viaje muy cansado pero muy bonito porque conocimos, nos conocimos cada uno a sí mismo y nos acercamos a Dios; esto cambia completamente la forma de pensar y ver las cosas. Nos hemos dando cuenta de cómo Dios está con nosotros de diferentes formas.

Unas de mis experiencias favoritas fue Taizé ya que fue un retiro para escucharme a mi misma en el silencio. Al tener celebraciones con diferentes comunidades cristianas vi cómo el amor une a la gente… Fue de las cosas que más me gustaron.

Parmenia fue el lugar donde me sentí más conectada con Dios. El simple hecho de ver la naturaleza me impresionó. Me du cuenta de lo pequeña que soy y de lo grande y hermoso que es Dios.

Haber podido visitar otros lugares donde estuvo San Juan Bautista de La Salle, conocer su historia, conocer cómo trabajó para poder lograr su meta fue algo muy significativo.

Vivir todo eso fue una preparación para la JMJ. En la Jornada me encantó ver cómo millones de personas nos juntamos por un motivo: Dios… Nos unimos gente de todas partes para decirle cuánto lo queremos y sentir su amor.

Todo esto me cambió y abrió mi panorama hacia el mundo. El haber convivido mucho tiempo con toda la Delegación y conocer nueva gente fue algo único, estoy muy agradecida por esta gran oportunidad y llevo a todos y todo lo vivido en el corazón.

¡Viva Jesus en nuestros corazones!

Sofía Urquides

Hermosillo