Después tantos y largos días de espera se llegó el momento de lanzarme a la aventura de ser voluntaria lasallista. El primer paso para ello por lo general consiste en hacer la maleta, despedirse de la familia y personas queridas y dejar la ciudad, esto fue lo que probablemente en este año otros 31 voluntarios hicieron para comenzar, sin embargo mi caso fue diferente y ahora les platico por qué.

El 26 de julio se convocó a todos los voluntarios del ciclo 2016 – 2017 a presentarse en Villa La Salle en Saltillo para arrancar el trabajo con la Jornada de Inicio de Voluntariado, en la cual se hablaría sobre algunos lineamientos, reglas, reflexiones, interiorización del trabajo a realizar y concientización de la labor a la cual habíamos sido elegidos. Para esta fecha todos los voluntarios deberían tener preparadas sus cosas, puesto que después de este evento viajarían a lo que será su casa por un año entero dejando atrás a su familia, amigos y ciudades. Esta es una manera práctica de introducir a los jóvenes a esta nueva experiencia y ayudarles a aligerar el proceso de adaptación a su nueva vida. Sin embargo, mi caso fue completamente diferente, ya que el inicio del voluntariado en Tecpan debe coincidir con el comienzo de actividades del ciclo escolar, por lo que yo viví esta jornada a la par con mis compañeros, solo que a diferencia de ellos yo si volvería a mi casa.

Con el paso de los días, cada uno de los temas se volvía más y más serio y te iba envolviendo en el ambiente de servicio que se desea alcanzar para poder desprenderse de sus vidas y comenzar una nueva. En el momento yo pensé que era la más desafortunada de todos, ya que después de estar tan concentrada y encaminada, debía regresar a mi casa con todas esas cosas de las cuales ya me había desprendido. Para mi sorpresa esto resultó ser una gran bendición ya que haber vivido la jornada de manera completa me ayudó a poder despedirme completamente de mis cosas y llenarme de energía, para tener muy en cuenta que esta es la manera correcta de hacer las cosas, esta fue la manera en que Él me dijo “si crees en mi, deja todo lo tuyo y sígueme”.

El domingo 7 de agosto es el día que oficialmente no tenía vuelta atrás, debía tomar mi maleta y comenzar mi camino. Estar en los pasillos del aeropuerto fue uno de los momentos más emocionantes que he podido vivir, quería correr de regreso con mi familia, pero también quería ser la primera en tomar mi asiento y llegar lo más rápido posible a mi nueva casa. Las dos horas de camino hasta Guerrero se pasaron volando (literalmente), desde que lo veía por encima me encantó el mar, las montañas, sus ríos y palmeras, pero eso no es nada comparado con verlo por tierra, eso si termina por enamorarte.

Al bajar del avión había tres personas desconocidas que al paso de las semanas se han convertido en la familia más maravillosa que he podido conocer fuera de mi casa. Manuel, Koko y Jesús desde ese día se han encargado de que cada día que pase en su casa, sea el mejor de mi voluntariado. Mi primer viaje con ellos en la carretera camino a Tecpan de Galeana me hizo confirmar que mi decisión de estar aquí es la correcta, me sentí completamente segura, bienvenida y acogida entre ellos y estoy segura que seguirá así hasta mi último día con ellos.

Tecpan es un lugar que difícilmente se imagina al verlo en el mapa, pero sin duda alguna es un lugar que nunca podrás olvidar una vez que estás aquí. Al dar la vuelta de la carretera hacia la casa, los vecinos reciben a “los directores” con mucho amor y felicidad, son personas realmente aceptadas y queridas en la comunidad, pero no solo ellos, sino también los voluntarios que viven con ellos. De una manera inesperada antes de poner un pie dentro de la casa ya había recibido los abrazos mas afectivos que había recibido en años, caras de personas que sin conocerme se sentían felices con mi presencia en su ciudad, agradeciéndome por cosas que aun no hacía y ofreciéndome sus casas y sus corazones para cuando los necesitara. Entre los primeros días de mi estancia por acá tuve ya la oportunidad de vivir diferentes festividades de la región, como es La Topa del Toro, y el día de San Bartolomé Apóstol a quien está encomendada la parroquia de Tecpan. Debo decir que es un festejo del cual la comunidad se siente muy orgullosa de compartir, ver los carros alegóricos pasando por la calle principal, bailes típicos, disfraces y música te hacen vivir el folklor mexicano de manera singular, solo como las personas de la costa pueden hacerlo.

Como ya me lo habían advertido el trabajo en La Salle Tecpan no se hace esperar, mis primeros días de actividades fueron bastante satisfactorios, cansados y llenos de aprendizaje. Conocí al personal de la escuela que al igual que las personas que había conocido con anterioridad me recibieron como si ya fuera parte de su equipo y me ayudaron con todas las dudas que pudiera tener. Desde ese día hasta hoy no he parado de tener actividades qué hacer y siempre hay cosas nuevas con las que ocuparse, desde ordenar libros, hasta arreglar salones, preparar uniformes, organizar oraciones y recibir a los alumnos, atender a padres de familia, jugar y reír.

Desde el primer día de trabajo hasta la fecha he tenido la oportunidad de estar en contacto con los padres de familia y los niños de la escuela de una manera muy diferente a como podría hacerlo en misiones o en mi trabajo como psicóloga, la presencia de un voluntario genera en las personas gran expectativa y emoción, se muestran curiosos ante la presencia de una nueva persona, expresando frases como “ya te estábamos esperando”, “qué bueno que llegaste porque el año pasado no tuvimos”, “no te vayas a regresar antes de tiempo”  y muchas otras frases. La escuela sin duda alguna necesita mucha ayuda, tanto en infraestructura como en organización y materiales, pero en ella pude ver un espacio rico en oportunidades de crecimiento.

Cada día es una aventura nueva desde preescolar hasta secundaria. Si me preguntaran cual es mi labor favorita desde que llegué sería lo primero que hago al poner un pie en el colegio, estar en la puerta durante la hora de entrada recibiendo a los pequeños de preescolar ayudándoles con sus mochilas y recordándoles a sus papás que los dejan en buenas manos y estarán seguros con nosotros hasta la hora de salida. También es muy significativo el esperar a los niños de primaria, animarlos a llegar con una sonrisa, felicitarlos por venir correctamente arreglados o recordarles que tienen que llegar un poco más temprano para poder aprovechar el día al máximo. Los jóvenes de secundaria no se quedan atrás, para ellos la escuela es prácticamente su segunda casa, y estar con ellos desde que entran hasta que salen les ayuda a sentirse en un ambiente de armonía y tranquilidad, dejando de lado todos aquellos problemas que puedan abrumarlos. Para todo esto solo hace falta estar bien parados, con una gran sonrisa y una voz entusiasta que pueda decirles “buenos días”.

Estando en un colegio tan pequeño  como este, te obliga a buscar un espacio en el que puedas atender dignamente a todos los que quieran acercarse a ti, es por eso que durante este tiempo se acondicionó un espacio únicamente con el propósito de recibir a los papás y alumnos en un ambiente neutral, lejos de la cotidianeidad de la rutina escolar, permitiendo así que el acercamiento sea más ameno.

En este pequeño lugar que conocemos ahora como “la sala de juntas” se ha convertido en el cuarto en que los más pequeños salen una vez al mes con el propósito de ser evaluados, llevo conmigo mi pequeña caja conocida como la “Catarina” en la que guardo unos cuantos lápices, pelotas y listones que sirvan como material para medir su nivel de desarrollo y observar detenidamente en qué áreas son las que necesitan trabajar un poco más para poder explotar su potencial al máximo. Después de hacer esto cada bimestre los papás son informados de los avances o necesidades de sus hijos para que puedan apoyar en casa y tener una red de apoyo de manera que estos niños estén correctamente preparados para su vida en la primaria.

En el caso de los medianos de primero a sexto de primaria el trato es un poco más correctivo, al momento en el que llegan a la sala de juntas o biblioteca saben que están en un espacio en el cual se les va a exigir mucho trabajo, pero que pueden explicar con toda libertad las razones por las cuales están recibiendo una sanción y han sido enviados conmigo. Se les explica el tiempo que estarán ahí y el trabajo que deben hacer como consecuencia de sus actos, sin embargo se procura que tengan presente que no es un castigo ni están siendo aislados, simplemente se les da la oportunidad de sentirse escuchados para poder atender esas inquietudes que están irrumpiendo en su salón de clases.

Para los más grandes la sala de juntas no siempre es suficiente, con ellos basta estar sentados fuera del salón, en una jardinera o en alguna banca, para que puedan desahogar todas esas preocupaciones que como adolescentes no hacen más que confundirlos y distraerlos de lo que realmente es importante. Probablemente esta sea la sección con más necesidad de atención en cuestión emocional. Con el paso de los meses he entendido que para ellos el voluntario que llega aquí es el amigo con el que pueden hablar de todo, sin miedo a ser juzgados, y además siempre estará dispuesto a darles un consejo y en caso de ser necesario, estar acompañándolos frente a sus padres para darles fuerza de expresar sus principales problemas y puedan negociar como los jóvenes responsables en los que se están convirtiendo.

Probablemente describir las actividades que realiza un voluntario suenan sencillas, como algo cotidiano y que en cualquier lugar pueden conseguir cuando lo necesiten, la magia de hacerlo en Tecpan radica en que no es tan sencillo y la mentalidad aquí es diferente a otros sitios. No me refiero a que sea un lugar complicado o conflictivo, simplemente quiero apuntar que es una comunidad con mucha necesidad de atención, en lo material y emocional. Una tarea que las personas están dispuestas a recibir pero no siempre tienen los medios necesarios para hacerlo y es entonces cuando entramos nosotros los aventureros de corazón a darlo todo por alguien que necesita.

Este tiempo aquí me abrió  los ojos ante lo que significa realmente la función de un voluntario, no se trata solamente de un trabajo a prestar sino también del ejemplo que ven en ti las demás personas. Ahora entiendo que esta labor es muy similar a la de un misionero se trata de salir, llorar, atravesar montañas, olvidar cosas, recordar personas, darlo todo, abandonarse, buscar, descubrir, sembrar y esperar; agregándole que para ser voluntario hay que conjugar todos esos verbos y muchos más, sobre todo amar, en todos los tiempos y a todas las personas.