Hace veinte años, en 1991, el Distrito se lanzó a la aventura de crear la primera universidad en el Distrito, la ULSA Noroeste de Ciudad Obregón, Sonora.

Si bien en el Distrito fuera del CESLAS, también relativamente reciente, no teníamos experiencia en conducir instituciones de educación superior. Tampoco éramos novatos, habíamos participado en la creación de la UDEM y varios Hermanos fueron ahí directivos, maestros y alumnos.

El desarrollo de la educación superior en el Distrito.

Como toda acción humana podemos decir que el desarrollo obedece a variables multifactoriales, es decir no hay una causa única. Por un lado las demandas de los padres de familia y de las autoridades, a ello se junta el precedente de haber logrado el Decreto Presidencial de la ULSA México que podía abrir universidades en todo el país y que se tradujo en la apertura simultánea de siete universidades, una de ellas en el Norte.

Llegado el momento fijado por la Providencia, respondemos generosamente creando la ULSA Noroeste (1991) a la que siguió la ULSA Laguna, 2002 que de hecho ya existía como ISCYTAC. Luego vinieron la ULSA Chihuahua en el 2000, la ULSA Victoria en el 2002 y finalmente la ULSA Saltillo en el 2006. Otra variable importante fue la llegada al estrato de educación superior de un fuerte y nuevo contingente demográfico que, gracias al aumento del ingreso per capita en el país, podía ahora, pensar en realizar estudios universitarios. A todo esto se une la poca presencia institucional de los católicos en este nivel.

Juzgado superficialmente este hecho, cualquiera cuestionaría el por qué no nos establecimos en “plazas fuertes” para adelantarnos y dominar el mercado, y en vez de esto, lo hicimos en ciudades medias. La respuesta es muy simple y muy lasallista nuestra respuesta a la demanda de educación superior no obedeció ni obedece a un estudio de mercado para posicionarnos, sino a la respuesta a necesidades muy específicas, ahí donde hay carencia, escudriñando, en las demandas y posibilidades, la voluntad de Dios.

Algunas de las características comunes de nuestras universidades son:

  • Todas cuentan con un Plan de Desarrollo Institucional que evoluciona ya hacia un Proyecto Educativo Universitario Lasallista (PEUL).
  • El enunciado explícito de la inspiración cristiana es visible y consciente en maestros, alumnos y en la comunidad local.
  • Las carreras ofrecidas obedecen a un cuidadoso estudio de necesidades locales y son, por lo tanto, pertinentes.
  • Todas cuentan con Reconocimiento de Validez Oficial.
  • La mayoría ha creado, no sólo un modelo académico novedoso, sino que también una figura jurídica en la que se le reconoce la autonomía académica, administrativa y organizacional.
  • Muchas universidades de inspiración cristiana en México cuentan con un currículum optativo de formación cristiana. Las nuestras han optado por ofrecer dentro del currículum de formación profesional, una materia de Formación Humano-Cristiana en cada semestre.
  • Todas han logrado crear campus bellos y funcionales, acentuando la armonía, la belleza y las áreas verdes, convencidos de que el medio ambiente en el que se desarrolla el estudiante no es inocuo, sino que juega un papel importante en su desarrollo. Lo contrario, por desgracia, también es verdad.
  • La Pastoral es dinámica y se manifiesta en el ambiente y en las múltiples actividades optativas que desarrolla: grupos de oración, Eucaristías, retiros, apostolados y misiones.
  • Para las ciudades donde operamos, realmente la ULSA ha hecho la diferencia, los alumnos no salen ya a otras ciudades, quebrantando la familia y las empresas notan también la gran diferencia de nuestros egresados.
  • Nuestras universidades han nacido con una preocupación muy marcada a favor del pobre, manifestada ésta en los siguientes índices:

1)    La colegiatura semestral es cincuenta por ciento inferior a la más cara de la localidad.

2)    Un elevadísimo porcentaje de alumnos goza de algún tipo de beca, que sobrepasa al 45 por ciento (con excepción del CESLAS, dado que ya sus colegiaturas son bajas).

3)    La inversión anual a favor  de los que no cuentan con recursos económicos suficientes, que realizan nuestras universidades sobrepasa a los treinta millones de pesos anualmente.

4)    Los apostolados realizados como créditos de servicio y que además de requisito de servicio social realizan de forma multidisciplinaria todos los estudiantes universitarios en favor de las personas que lo necesitan.

  • La vivencia de la espiritualidad lasallista es profunda y cada vez impacta más. Hay un curso específico titulado “La Salle como un estilo de vida” durante un semestre y es muy apreciado por los universitarios.
  • Se realiza ya la revisión y evaluación de currículo de Formación Humano-Cristiana para mantenerlo al día y asegurar estándares semejantes en todas las universidades.
  • Numerosos grupos de maestros y de universitarios se organizan ya en comunidades de fe y vida en torno al carisma.
  • Existe un excelente espíritu en todas nuestras universidades: hay ambiente académico, serenidad, reflexión, respeto, compromiso y responsabilidad. Hasta la manera de vestir y proceder es distinta.
  • Para casi todas, el filantropismo cristiano local y nacional ha sido de inmensa ayuda, si bien no suficiente, pues la cultura filantrópica en nuestro país, dista mucho de ser generalizada.

Conclusión

Abrir las instituciones de educación superior en el Distrito ha sido un acto de fe en Dios,  un acto de fe para responder a las necesidades y demandas como llamado de Dios, un acto de fe en nuestra capacidad y generosidad para responder a estas necesidades y un acto de fe en la población local. A veinte años podemos ver que nuestra fe tiene sólidos fundamentos.

Dr. José Cervantes Hernández FSC
Extracto del artículo publicado en la revista de
Comunidades Educativas De La Salle