La finalidad del Departamento de Pastoral de nuestro colegios es evangelizar, es decir anunciarles de forma integral la Buena Nueva de Jesucristo a nuestros alumnos. Por eso todo lo que en él se hace debe entenderse desde una visión global y no de manera individual, a esto le podemos llamar PROCESO, pues no son actividades aisladas si no parte de un todo que busca hacer crecer en nuestros colegios el Reino de Dios.

Dichos Procesos de Educación en la Fe, como son evangelizadores deben cubrir las diferentes dimensiones de la evangelización. Ahora bien, para entender cuáles son las dimensiones de la evangelización, es necesario fijarnos en el modelo de toda evangelización: Jesucristo nuestro Señor, que enviado por el Padre cumple con la misión de anunciar la Buena Nueva e implantar el Reino de Dios. La Iglesia enseña que Jesús mismo, Evangelio de Dios, ha sido el primero y el más grande evangelizador. Lo ha sido hasta el final, hasta la perfección, hasta el sacrificio de su existencia terrena.

La tarea primordial de Jesús fue anunciar  el Reino de Dios. El Reino es el gran proyecto del Padre de hacer una familia de hijos y de hermanos, un hogar para todos, una humanidad liberada de toda opresión, reconciliada con la naturaleza, entre sí y con Dios, donde el hombre puede sentirse y ser de verdad, señor del mundo, hermano de los otros e hijo de Dios. El Reino es una actitud, una práctica, una vida, una persona que tiene el rostro y el nombre de Jesús de Nazaret, “imagen de Dios invisible” (Col 1,15); un testimonio que revela la presencia gratuita de Dios actuando, liberando a su pueblo, realizando su plan de salvación, mostrando que es Señor de la historia e invitando a formar parte de su gran proyecto.[1]

Y este anuncio del Reino en la persona de Jesús comporta tres acciones fundamentales:

  • Jesús profeta (enseña)
  • Jesús sacerdote (santifica)
  • Jesús Rey (sirve)

La Iglesia primitiva comprendió tan bien esto que, para cumplir con el mandato misionero de Jesús de anunciar el Reino, realizó estas tres acciones fundamentales.

Lo anterior  lo vemos claramente en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde  descubrimos,  las dimensiones de  la evangelización para toda comunidad cristiana:

  • “Eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles, perseverantes en la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones” (Hch 2,42).
  • “La multitud de los fieles tenía un sólo corazón y una sola alma. Nadie consideraba como propios sus bienes sino que todos lo tenían en común…Entre ellos ninguno sufría necesidad, pues los que poseían campos o casas los vendían, traían el dinero y lo depositaban a los pies de los apóstoles, que lo repartían según las necesidades de cada uno” (Hch 4,32-35).

El documento “Del Encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos”[2], nos presenta que la experiencia del misterio de la Koinonía de la primera comunidad cristiana, que nos relata el libro de los Hechos de los Apóstoles (cfr. Hch 2 y 4), es y será siempre el modelo de vida cristiana al que estamos llamados todos aquellos que hemos encontrado a Jesús en el camino de la vida. En dicha comunidad se vivía permanentemente:

  • La dimensión profética, atenta a la escucha de la Palabra de Dios, a través de la enseñanza de los apóstoles.
  • La dimensión litúrgica, centrada en la fracción del Pan, la pascua de Cristo.
  • La dimensión social que se expresa en la caridad, vivida como comunión cristiana de los bienes.
  • La dimensión misionera, obedeciendo al mandato del Señor resucitado.

     Lo anterior nos queda muy claro al constatar las actitudes de la primera comunidad cristiana en el libro de Hechos de los Apóstoles:

  •         Perseverantes en la enseñanza de los apóstoles (“didajé”), se refiere al Evangelio: “a todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio” (Hch. 1,1).
  •      Perseverantes en la comunión (“Koinonia” – “diakonia”) es la manera de vivir en comunidad, significa, en primer lugar,  “tener un solo corazón y una sola alma” (Hch 4,32), es decir, constituir un solo cuerpo; y ésta actitud los llevaba a la vivencia de la caridad: cada cual daba según su posibilidad, cada cual recibía según su necesidad, no había ningún necesitado entre ellos.
  •      Perseverantes en la fracción del pan y en las oraciones (Hch 2,42). (Leiturgia) Hace referencia a la Eucaristía como centro de la vida cristiana y junto con ello la oración comunitaria.
  •      Perseverantes en la tarea misionera de anunciar la Buena Nueva: (Kerygma) “Los que se habían dispersado fueron por todas partes anunciando el mensaje. Felipe bajó a la ciudad de Samaria y estuvo allí predicando a Cristo. La gente escuchaba con aprobación las palabras de Felipe y contemplaba los signos que realizaba. Pues de muchos endemoniados salían los espíritus inmundos, gritando con fuerza, y muchos paralíticos y cojos sanaron”. (Hch 8, 4-7).

El papa Benedicto en su encíclica Deus caritas est  nos dice: “La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra”[3].

En palabras sencillas, toda comunidad cristiana tiene que conocer, vivir, celebrar y anunciar su fe; al ser nuestros colegios comunidades cristianas estamos llamados a cubrir estas cuatro dimensiones, veamos cada una:

a)    Dimensión catequética – Conocer la fe: Esta dimensión “comprende esencialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana” (CEC, 4). Pero nosotros vamos más allá al proporcionar una enseñanza de la religión, al respecto el Directorio General para la Catequesis señala que “la relación entre enseñanza religiosa escolar y catequesis es una relación de distinción y de complementariedad: «Hay un nexo indisoluble y una clara distinción entre enseñanza de la religión y catequesis».

En lo que confiere a la enseñanza religiosa escolar su característica propia es el hecho de estar llamada a penetrar en el ámbito de la cultura y de relacionarse con los demás saberes. Como forma original del ministerio de la Palabra, en efecto, la enseñanza religiosa escolar hace presente el Evangelio en el proceso personal de asimilación, sistemática y crítica, de la cultura.

En el universo cultural, que interiorizan los alumnos y que está definido por los saberes y valores que ofrecen las demás disciplinas escolares, la enseñanza religiosa escolar deposita el fermento dinamizador del Evangelio y trata de «alcanzar verdaderamente los demás elementos del saber y de la educación, a fin de que el Evangelio impregne la mente de los alumnos en el terreno de su formación y que la armonización de su cultura se logre a la luz de la fe».

Para ello es necesario que la enseñanza religiosa escolar aparezca como disciplina escolar, con la misma exigencia de sistematicidad y rigor que las demás materias. Ha de presentar el mensaje y acontecimiento cristiano con la misma seriedad y profundidad con que las demás disciplinas presentan sus saberes. No se sitúa, sin embargo, junto a ellas como algo accesorio, sino en un necesario diálogo interdisciplinar. Este diálogo ha de establecerse, ante todo, en aquel nivel en que cada disciplina configura la personalidad del alumno. Así, la presentación del mensaje cristiano incidirá en el modo de concebir, desde el Evangelio, el origen del mundo y el sentido de la historia, el fundamento de los valores éticos, la función de las religiones en la cultura, el destino del hombre, la relación con la naturaleza… La enseñanza religiosa escolar, mediante este diálogo interdisciplinar, funda, potencia, desarrolla y completa la acción educadora de la escuela.  (DGC 73).

En esta dimensión nuestros colegios contamos con la guía y riqueza de la formación cristiana del Señor de la Salle.

b)    Dimensión litúrgica – Celebrar la fe: La comunión con Jesucristo conduce a celebrar su presencia salvífica fundamentalmente en los sacramentos y, particularmente, en la Eucaristía. Pero esta dimensión no se agota sólo el aspecto sacramental, pues “la sagrada Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia” (SC 9), por ello y siguiendo el esquema de la primera comunidad cristiana aquí agrupamos todas las formas de espiritualidad y oración cristiana que encontramos, pues también buscan llevarnos a la unión con Jesucristo vivo.

En esta dimensión nuestros colegios tienen la gran riqueza y  originalidad al contar con un camino espiritual basado en el carisma del Señor De La Salle.

Esta dimensión proponemos subdividirla, para fines prácticos, en dos tareas: liturgia y espiritualidad cristiana-lasallista.

c)    Dimensión social – Vivir la fe (Apostolado y comunión): Esta dimensión tiene como fin vivir la fe a través de las obras, principalmente hacia fuera en los marginados y alejados, pero también incluye,  hacia el interior de nuestros colegios e Iglesias particulares, vivir la comunión.

Esto se vive a través de las acciones concretas de caridad, asistencia, promoción humana y organización o transformación social que son señales inequívocas de conversión cristiana.

Esta dimensión podemos, dividirla para fines prácticos en dos tareas fundamentales: comunión eclesial y apostolado (servicio).

d)    Dimensión misionera – Anunciar la fe (Misión): La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre.

“Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado se salvará, mas el que no creyere se condenará” (Mc.16,15-16). Por ello, incumbe a la Iglesia el deber de propagar la fe y la salvación de Cristo, tanto en virtud del mandato expreso, que de los Apóstoles heredó el orden de los Obispos con la cooperación de los presbíteros, juntamente con el sucesor de Pedro, Sumo Pastor de la Iglesia, como en virtud de la vida que Cristo infundió en sus miembros “de quien todo el cuerpo, coordinado y unido por los ligamentos en virtud del apoyo, según la actividad propia de cada miembro y obra el crecimiento del cuerpo en orden a su edificación en el amor” (Ef. 4,16). La misión, pues, de la Iglesia se realiza mediante la actividad por la cual, obediente al mandato de Cristo y movida por la caridad del Espíritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y a la paz de Cristo por el ejemplo de la vida y de la predicación, por los sacramentos y demás medios de la gracia, de forma que se les descubra el camino libre y seguro para la plena participación del misterio de Cristo”[4] En esta dimensión, pues,  situamos todas las acciones que como colegios realizamos con el fin de llevar, con el testimonio y la palabra, la Buena Nueva a los demás.

 El siguiente esquema nos ayuda a situar cada dimensión y los elementos en que se subdividen:

DIMENSIÓN DE LA EVANGELIZACIÓN

TAREAS

DIMENSIÓN CATEQUÉTICA

CONOCER LA FE  (FORMACIÓN)

Enseñanza Religiosa Escolar

DIMENSIÓN LITÚRGICA

CELEBRAR LA FE (ESPIRITUALIDAD)

Liturgia
Espiritualidad cristiana-lasallista

DIMENSIÓN SOCIAL

VIVIR LA FE (APOSTOLADO-COMUNIÓN)

Comunión eclesial
Apostolado (servicio)

DIMENSIÓN MISIONERA

ANUNCIAR LA FE (MISIÓN)

Misión-testimonio

Enseñanza religiosa escolar: aquí se centran todas las materias curriculares que se imparten en nuestros colegios desde Preescolar hasta Preparatoria.

 Liturgia: Esta tarea consiste en llevar a nuestros alumnos a la vivencia y profundización en el Misterio Pascual, vivido en las celebraciones litúrgicas de una manera participativa, consciente y fructuosa. “De la liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios a la cual, las demás obras de la Iglesia, tienden como a su fin” (SC 10). Aquí situamos la Santa Misa, la vivencia de los sacramentos, pero también los sacramentales.

Espiritualidad cristiana: Son todas aquellas actividades que, sin ser acciones propiamente litúrgicas, tienen como fin llevar a los jóvenes a la comunión con Jesucristo, principalmente a través de la oración, la meditación y la contemplación, por ejemplo: Las prácticas lasallistas,  horas santas, retiros por tiempos litúrgicos, el rezo del santo rosario, etc.

Comunión eclesial: La Constitución dogmática sobre la Iglesia “Lumen Gentium” nos dice que “Dios ha querido salvar a los hombres no aisladamente sino constituyendo un pueblo. Ha querido que su revelación al hombre tuviera lugar a lo largo de la historia en un pueblo elegido que, comunitariamente, tendría la experiencia del Señor y conocería los designios de su voluntad salvífica”.[5]  En esta tarea se engloban todas las actividades que realizamos para fomentar la comunión eclesial en el colegio (Posadas, convivencias, etc.)  y las actividades para vivir la comunión como Distrito Lasallista, sin olvidar las actividades que nos unen a nuestra Iglesia diocesana.

Apostolado (servicio): Son todas aquellas acciones concretas de caridad, asistencia, promoción humana y organización o transformación social que realizamos en nuestros colegios,  por ejemplo: campañas de solidaridad,  Tiempo de compartir, visita a asilos, orfanatos, etc.

Misión – Testimonio: En esta tarea englobamos las actividades que como colegio o grupos del colegio realizan  para cumplir con el mandato de Jesús de “ir y anunciar el evangelio”. Por ejemplo: preparación para misiones, llevar la palabra casa por casa, ser misionero, etc.

 Algo muy importante es que el aspecto vocacional esté presente de manera transversal en las diferentes dimensiones de la evangelización.



[1] Cfr. Civilización del Amor, Tarea y Esperanza,  pág. 100.

[2] Carta Pastoral “Del Encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos”,  CEM, 2000

[3] Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est,  2005, No. 25

[4] ConcilioVaticano II, Decreto Ad gentes, No. 5

[5] LG. 9