Como catequistas tenemos que esforzarnos constantemente para conseguir que nuestro desempeño sea cada vez más lúcido, consciente y de mejor calidad, convencidos de estar colaborando en un ministerio que es “de grandísima necesidad para la iglesia”: la educación cristiana, que es Evangelización, Catequesis, prolongación de la Misión de los Apóstoles y de la Iglesia misma.

La catequesis y la formación de catequista integran parte de la gran “estructura”  de la Pastoral Educativa, concretamente en el ámbito de la Pastoral Escolar.  Dicha actividad catequística forma parte de un todo y no podemos percibirla aislada del resto de los esfuerzos pastorales. El servicio que realizas como catequista se une a la del resto de los Agentes de Pastoral (Director del colegio, Coordinadores Académicos, Responsables de Pastoral, maestros titulares, maestros auxiliares, asesores del Movimiento Infantil y Juvenil Lasallista) y demás personas involucradas en los esfuerzos de concretar el Proyecto de Salvación de Dios sobre la humanidad.

“La catequesis es una educación en la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana”.

El Catequista es llamado por Dios, en la Iglesia, para cooperar en el anuncio del Reino de Dios en medio del mundo. Toda la vida del catequista ha de referirse a Jesucristo: “El que está llamado a –enseñar a Cristo- debe por tanto, ante todo, buscar esta ganancia sublime que es el conocimiento de Cristo.”

“La fe, impulsada por la gracia divina y cultivada por la acción de la Iglesia, experimenta un proceso de maduración. La catequesis, al servicio de ese crecimiento, es una acción gradual. La catequesis apropiada está dispuesta por grados.”

“No se aficionen sino a Jesucristo, a su doctrina y a sus santas máximas, ya que los ha honrado escogiéndolos, con preferencia a muchos otros, para anunciarla a los niños, que son sus predilectos. Estimen mucho su empleo, que es apostólico, y estudien con aplicación el Evangelio de san Mateo, en el que están propuestas las máximas más santas de Jesucristo y los principales fundamentos de la piedad cristiana. Cuanta mayor dedicación pongan en ello, tanto más sabios serán en la ciencia de los santos, y se hallarán en mejor disposición para instruir a los demás.”

“Tienen la suerte de participar de las funciones apostólicas, explicando todos los días el catecismo a los niños que tienen que guiar, e instruyéndolos en las máximas del santo Evangelio.  Pero no producirán fruto en ellos  si no poseen plenamente el espíritu de oración que da a sus palabras la unción santa y las hace totalmente eficaces, consiguiendo que penetren hasta el fondo de los corazones.”

“Dios es tan bueno que, después de crear a los hombres, desea que todos lleguen al conocimiento de la verdad. Esta verdad es el mismo Dios y todo lo que quiso revelarnos, por medio de Jesucristo, por los santos apóstoles o por su Iglesia.

La catequesis consiste en la educación ordenada y progresiva de la fe en Cristo dentro de su Iglesia. Busca desarrollar la mirada de fe: “Ver todo con los ojos de la fe”. Es decir, tomar conciencia de los diferentes hechos de nuestra vida, juzgarlos todos con mentalidad acorde al Evangelio. Suscitar un compromiso de actuar con criterios de fe: “No hacer nada sino en vista a Dios”, decía La Salle.

Actitudes fundamentales del catequista

a. Vida de fe y oración
b. Testimonio de vida (predicar con el ejemplo)
c. Apertura y conocimiento de la realidad y de los destinatarios del mensaje
d. Sentido crítico. Capacidad de discernimiento y Profetismo.
e. Ascesis. Renuncias y pobreza interior y exterior.
f. Celo, generosidad, responsabilidad.
g. Sentido de iglesia y de la comunidad.
h. Capacidad de adecuar el mensaje a los destinatarios. Pedagogía.